La vitamina E se encuentra principalmente en aceites vegetales obtenidos de: maíz, oliva, soja, girasol, cártamo, maní o cacahuate, aceite de germen de trigo, el germen de trigo por sí mismo también es una fuente adecuada y de muy buena disponibilidad. Otra cualidad destacable de este grupo de alimentos es que contienen grandes cantidades de ácidos grasos esenciales omega 3, a los que se confiere la propiedad de disminuir los niveles de triglicéridos y colesterol malo ( LDL ) en sangre y elevar las cifras de colesterol bueno o HDL, por lo que adquiere un gran rol protector del corazón.
Los productos a base de aceites vegetales como las margarinas, algunos cereales, nueces, almendras y semillas contienen cantidades apreciables de tocoferoles. Asimismo, los vegetales de hoja verde como espinaca y brócoli pueden contribuir en menor medida al aporte diario destinado a cubrir los requerimientos.
Los productos procesados contienen menor cantidad de vitamina utilizable que los integrales o sin procesar, ya que ésta se pierde en las moliendas y el procesamiento de las materias primas. Con los avances de la tecnología, en la actualidad se obtienen productos de naturaleza variada, fortificados con vitamina E entre los cuales se encuentran mantecas, leches, yogures y cereales que se incluyen frecuentemente en la alimentación y admiten formas de preparación variadas, de modo que se pueden emplear en numerosas comidas.
Es importante combinar el aporte de tocoferoles, con otros antioxidantes exógenos, ingeridos mediante los alimentos como son el ácido ascórbico (vitamina C) presente en los cítricos, el zinc presente en las carnes, los compuestos fenólicos que se encuentran en los vinos, chocolates, té, entre otros y la coenzima Q-10 (CoQ-10) que se encuentra principalmente en el corazón de vaca, pescados y coles. Una combinación adecuada potencia los efectos protectores y optimiza los mecanismos de acción.
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